Por Juan Pablo Ojeda
La exsenadora y excandidata presidencial, Xóchitl Gálvez Ruiz, lanzó una dura crítica contra Morena tras revelarse la existencia de un salón de belleza dentro del Senado de la República, un hecho que, dijo, contradice de manera abierta el discurso de austeridad que el partido en el poder ha promovido desde su llegada al gobierno. Para Gálvez, el tema no es menor: representa, afirmó, un símbolo de la “doble moral” de quienes prometieron acabar con privilegios y hoy permiten servicios que resultan ofensivos frente a la situación del país.
Desde sus redes sociales, la panista cuestionó que mientras Morena asegura trabajar por el pueblo, algunos de sus legisladores utilicen instalaciones del Senado para servicios de estética durante las sesiones. En su mensaje, acusó que ya no existe pudor alguno en prácticas que se alejan de la narrativa oficial de sencillez y cercanía con la ciudadanía.
A las críticas se sumó Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI y senador, quien elevó el tono al señalar que el salón operaba con recursos públicos. Para el priista, el hecho de que el Senado albergara un espacio de este tipo en medio de una crisis nacional refleja una desconexión profunda entre la clase política oficialista y las preocupaciones reales de la población.
La polémica estalló luego de que se diera a conocer que en el segundo piso de la torre del Hemiciclo del Senado operaba un salón de belleza con sillones de estética, espejos, equipo de maquillaje y una silla con lavabo para lavar el cabello. El servicio funcionaba por las mañanas, únicamente durante sesiones plenarias, y se manejaba con discreción.
Ante el escándalo, la presidenta de la Mesa Directiva del Senado, Laura Itzel Castillo, salió a aclarar que el servicio no es gratuito ni exclusivo para mujeres, y que tanto senadoras como senadores pagan directamente a la persona que lo opera. Argumentó además que muchos legisladores viajan desde otros estados y enfrentan agendas complicadas que dificultan acudir a servicios externos.
Sin embargo, la explicación no frenó el debate. La senadora Andrea Chávez negó cualquier relación con la habilitación del espacio y rechazó versiones que la señalaban como usuaria o responsable del salón. Aun así, la presión pública llevó a que el Senado clausurara el lugar y colocara sellos de resguardo.
El episodio reabrió la discusión sobre el uso de espacios y servicios dentro del Poder Legislativo, así como sobre la coherencia entre el discurso de austeridad y las prácticas cotidianas en el Congreso, un tema que, más allá del salón de belleza, vuelve a poner bajo la lupa los privilegios en la vida pública mexicana.

