CDMX a 9 de Febrero, 2026.- Detrás del triunfalismo por la reducción del 20% en la deuda financiera de Petróleos Mexicanos (PEMEX), que hoy se sitúa en 84,500 millones de dólares, se esconde una realidad más compleja: el «desendeudamiento» no proviene de una generación de flujo propia, sino de una transferencia masiva desde el bolsillo de los contribuyentes.
El costo del «oxígeno» financiero
Para que la petrolera pudiera presumir su nivel de deuda más bajo en 11 años, el Gobierno Federal tuvo que implementar una estrategia de «asistencia total». Esto incluye no solo aportaciones de capital directas desde la Secretaría de Hacienda (SHCP), sino también la implementación del «Derecho Petrolero del Bienestar». Este esquema, lejos de ser un logro operativo, representa una renuncia fiscal: el Estado deja de percibir ingresos por derechos de extracción para que Pemex tenga liquidez, lo que abre un boquete en las finanzas públicas que afecta otros rubros como salud o infraestructura.
Pasivos que no dan tregua
Aunque la paraestatal sacó la chequera para liquidar 390,203 millones de pesos a proveedores, el balance al cierre de 2025 sigue mostrando grietas. Al día de hoy, persiste un saldo pendiente equivalente al 25% de la deuda total con contratistas reportada apenas hace un trimestre. Esta «bola de nieve» con los proveedores locales ha asfixiado a pequeñas y medianas empresas de la cadena productiva en el Golfo, que siguen esperando el pago prometido para marzo de 2026.
Eficiencia bajo la lupa
En el renglón operativo, las dudas persisten. Si bien se celebra una producción de 1.8 millones de barriles diarios, la rentabilidad de este crudo sigue cuestionada ante los altos costos de extracción en campos maduros. Por otro lado, la meta de procesar 1.5 millones de barriles en 2026 depende enteramente de que la Refinería de Dos Bocas y las plantas de Tula y Salina Cruz dejen de ser sumideros de inversión y empiecen a entregar productos terminados de manera constante, algo que hasta la fecha ha sido más una promesa que una métrica cumplida.
Para este año, PEMEX solicita otros 425,000 millones de pesos de inversión. La pregunta que queda en el aire para los analistas de la capital no es cuánto se produce, sino cuánto más le va a costar a la ciudadanía mantener a flote a una empresa que, en el papel, sigue necesitando muletas estatales para caminar.

