Por Bruno Cortés
En el salón donde normalmente se discuten reformas fiscales, presupuestos millonarios y leyes que marcan el rumbo del país, esta vez quienes ocuparon las curules fueron jóvenes universitarios. Al inaugurar el Modelo Parlamentario Universitario del ITESO en la Cámara de Diputados, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, lanzó un mensaje directo: México necesita una nueva clase política.
No fue un discurso acartonado. Monreal habló sin rodeos. Dijo que el país requiere nuevos dirigentes sociales, comunitarios, municipales y estatales. En pocas palabras: urge renovar a quienes toman decisiones públicas. Y estos ejercicios, explicó, no son simulación, sino una forma de sembrar vocaciones y enseñar cómo funciona realmente el Poder Legislativo.
Para quien no esté familiarizado, el Modelo Parlamentario Universitario es un ejercicio donde estudiantes se convierten en diputadas y diputados por un día. Debaten, presentan dictámenes y votan como si estuvieran en una sesión ordinaria. Parece juego, pero no lo es. Es una herramienta de política pública enfocada en educación cívica y formación democrática.
Monreal recordó que ya han participado universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional y otras instituciones del país. El objetivo es acercar a los jóvenes al servicio público antes de que lleguen —si así lo deciden— a ocupar un cargo real.
Aquí hay un punto clave que muchas veces pasa desapercibido: fortalecer la democracia no solo depende de reformas electorales o cambios constitucionales, también requiere formar ciudadanos críticos, informados y capaces de debatir con argumentos. Eso es política pública en acción, aunque no siempre se vea como tal.
Durante el ejercicio, las y los jóvenes discutieron temas actuales como inteligencia artificial, captación de agua de lluvia, regulación del uso de tecnología en campañas electorales, acceso a la justicia e igualdad sustantiva para personas jóvenes. Es decir, asuntos que hoy están en la agenda legislativa real y que impactan directamente en la economía, el medio ambiente y los derechos.
Monreal fue claro al decir que quienes hoy ocupan los cargos públicos eventualmente se irán. “Nosotros ya estamos de salida”, comentó, subrayando que es momento de preparar a quienes vendrán. Más allá del tono político, el mensaje apunta a una preocupación estructural: si no se renueva la clase dirigente con perfiles mejor preparados, el sistema democrático se estanca.
La toma de protesta de los legisladores juveniles no fue simbólica únicamente. Replicaron una sesión ordinaria, organizaron grupos parlamentarios y deliberaron dictámenes. Así funciona el Congreso: debate, negociación y votación. Y entender esa dinámica desde jóvenes ayuda a desmitificar la política y a verla como un espacio de construcción colectiva, no solo de confrontación.
En un contexto donde la confianza en las instituciones enfrenta retos, abrir las puertas del Congreso a estudiantes no es un gesto menor. Es una apuesta por formar liderazgos con cultura de diálogo, con capacidad de argumentar y con conciencia de que las decisiones públicas afectan la vida diaria de millones de personas.

