Por Bruno Cortés
En San Lázaro hay expectativa, pero también tensión. El coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, Rubén Moreira Valdez, aseguró que hasta ahora no ha llegado la iniciativa presidencial en materia electoral y soltó una frase que marca postura: si no se presenta, “sería bueno para México”.
Para entender el fondo, hay que ponerlo en términos simples. Una reforma electoral no es cualquier cambio de ley; implica modificar las reglas del juego con las que se eligen diputados, senadores y presidente. Es decir, toca directamente la forma en que funciona la democracia. Por eso Moreira insiste en que no es un tema menor ni algo que deba discutirse a la ligera.
El también coordinador del grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional explicó que la única información que tienen es que la propuesta podría llegar en paquete este martes por la tarde. Y aquí hay un punto clave: pide que, si se presenta, sea completa y no fragmentada. En lenguaje legislativo, eso significa que no quieran enviar pedazos de reforma para debatirlos por separado, sino todo el proyecto junto, respetando el procedimiento que marca la ley.
Moreira fue más allá. Señaló que no es sano para el país debatir temas electorales en este momento, sobre todo si la iniciativa viene desde el poder. Su argumento es que cuando las reglas electorales se modifican sin amplios consensos, se corre el riesgo de que una parte del país sienta que el árbitro ya no es neutral. En otras palabras, que se debilite la confianza en el sistema.
También rechazó que la discusión se reduzca a dinero o a la distribución de curules, como —dijo— han intentado plantearlo algunas voces de Morena. Para él, el debate de fondo es la defensa del Estado de derecho y de las reglas democráticas que se han construido durante décadas. Es una narrativa que coloca la reforma no como un ajuste técnico, sino como un posible cambio estructural.
Sobre posibles acuerdos con el PT o el PVEM, fue claro: el PRI ha decidido votar en contra y, hasta ahora, no dialogar con nadie. En política, negarse al diálogo es una señal fuerte. Significa que no quieren legitimar la propuesta ni abrir la puerta a negociaciones que suavicen su postura. Aun así, dejó en manos de esos partidos la “responsabilidad histórica” de lo que decidan hacer.
En el fondo, lo que plantea Moreira es que el Congreso debería enfocarse en otros pendientes más urgentes: economía y seguridad. Es decir, en problemas que impactan directamente el bolsillo y la tranquilidad de la gente. Desde su óptica, mover las reglas electorales en este momento podría polarizar aún más el ambiente político.
En paralelo, habló del proceso para designar al nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación. Aquí el PRI dice que buscará un perfil técnico, con experiencia y sin vínculos con el poder. Traducido: alguien que pueda revisar el gasto público sin deber favores políticos. La ASF es clave porque audita cómo se usa el dinero federal; tener un auditor independiente es fundamental para la rendición de cuentas.
Así, mientras la iniciativa electoral sigue en el aire, el mensaje del PRI es claro: prefieren que no llegue, y si llega, darán la batalla. Lo que está en juego, según su narrativa, no es solo una ley más, sino las reglas con las que se compite por el poder en México.

