La Ciudad de México enfrenta una de sus peores crisis hídricas en décadas. El Sistema Cutzamala, una de las principales fuentes de abastecimiento para la Zona Metropolitana del Valle de México, se encuentra al 28% de su capacidad, el nivel más bajo registrado para un mes de febrero, mientras alcaldías del oriente reportan hasta tres semanas sin suministro regular de agua potable.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el descenso sostenido en los niveles de las presas que integran el sistema refleja los efectos acumulados de la sequía, la sobreexplotación de fuentes superficiales y subterráneas, así como limitaciones estructurales en la infraestructura hidráulica que abastece a la capital del país.
La afectación ya es visible en amplias zonas de la ciudad. Habitantes de alcaldías como Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco han reportado interrupciones prolongadas en el servicio, obligando a miles de familias a depender de pipas o de sistemas de almacenamiento doméstico para cubrir sus necesidades básicas.
Especialistas y autoridades coinciden en que la crisis no puede explicarse únicamente por factores climáticos. Información del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) señala que una parte significativa del agua se pierde antes de llegar a los hogares debido a fugas en la red de distribución, equipos de bombeo obsoletos y falta de mantenimiento en plantas e infraestructura clave.
A ello se suma un modelo de crecimiento urbano que ha incrementado la demanda hídrica en zonas con disponibilidad limitada. El desarrollo de nuevos conjuntos habitacionales y el aumento de densidad poblacional han ejercido presión adicional sobre un sistema que opera desde hace años al límite de su capacidad.
La Conagua ha reconocido que existen obras hidráulicas inconclusas y proyectos de modernización pendientes, los cuales resultan fundamentales para mejorar la eficiencia del sistema y garantizar el abasto a mediano y largo plazo. Sin embargo, los tiempos de ejecución y el impacto real de estas acciones continúan siendo motivo de cuestionamiento.
Ante este panorama, el llamado “Día Cero” —momento en el que el suministro de agua resulta insuficiente para cubrir la demanda mínima— deja de ser una proyección teórica y se convierte en una amenaza concreta para la estabilidad social y urbana de la capital. La crisis hídrica expone no solo la vulnerabilidad ambiental de la ciudad, sino también un rezago histórico en planeación, inversión y gestión del recurso.

