De acuerdo con cifras de la Secretaría de Movilidad (Semovi), entre enero y septiembre de 2025 fallecieron 155 motociclistas en hechos de tránsito en la Ciudad de México. Con ello, la cifra acumulada desde 2020 supera las 1,072 muertes, lo que confirma que las personas usuarias de motocicleta encabezan las estadísticas de letalidad vial en la capital.
El problema no se limita a las defunciones. Los registros oficiales indican que los accidentes en los que se ven involucradas motocicletas se duplicaron en apenas cuatro años: pasaron de 8,916 en 2020 a 18,364 en 2024. Tan solo el año pasado, estos siniestros dejaron 20,691 personas heridas, una carga significativa para los servicios de emergencia y el sistema de salud pública.
Autoridades capitalinas reconocen que este fenómeno está directamente relacionado con el llamado “boom motero”, ya que el número de motocicletas que circulan en la CDMX se ha incrementado en más de 600% (613%) en la última década. Este crecimiento acelerado ha rebasado la capacidad de adaptación de la infraestructura vial y de las políticas públicas enfocadas a la seguridad de este sector.
Sin embargo, organizaciones civiles y colectivos de movilidad advierten que el problema no es únicamente estructural, sino también cultural. Señalan una falta de empatía hacia los motociclistas, quienes con frecuencia son responsabilizados de los siniestros, pese a que muchos accidentes ocurren por imprudencias de automovilistas, como invasión de carriles, vueltas prohibidas o falta de respeto a la preferencia de paso.
Esta percepción negativa, apuntan, se traduce en una menor prioridad para su protección. Aunque el aumento de motocicletas ha derivado en más infracciones y mayor recaudación, especialistas subrayan que la inversión en campañas de sensibilización vial, educación para automovilistas y infraestructura segura —como carriles bien diseñados, señalización clara y control efectivo de velocidades— sigue siendo insuficiente.
La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) y la Semovi han reiterado que la seguridad vial es una responsabilidad compartida y que la reducción de muertes requiere un enfoque integral que incluya regulación, vigilancia, educación y corresponsabilidad entre todos los actores de la vía. No obstante, las cifras actuales muestran que los avances aún no logran frenar la tendencia.
En este contexto, especialistas en movilidad y seguridad vial coinciden en que reconocer la vulnerabilidad de los motociclistas es un paso clave para reducir la siniestralidad. Insisten en que proteger a quienes hoy concentran la mayor proporción de víctimas no es un privilegio, sino una obligación del Estado y de la sociedad para avanzar hacia una movilidad más segura y equitativa en la Ciudad de México.

