Por Bruno Cortés
Para millones de mexicanos que viven fuera del país, la política nacional suele sentirse lejana, como si sus opiniones no cruzaran la frontera. Esa idea fue cuestionada por Laura Itzel Castillo Juárez, presidenta del Senado de la República, quien reconoció que las comunidades migrantes no solo forman parte del país, sino que deben ser escuchadas de manera directa para fortalecer sus derechos político-electorales.
En una conferencia acompañada por la senadora Karina Isabel Ruiz Ruiz y representantes de organizaciones migrantes, Castillo Juárez dejó claro que el Congreso tiene la responsabilidad de analizar y abrir espacio a las propuestas que llegan desde el exterior, especialmente ahora que se prepara una reforma electoral impulsada por el Ejecutivo. Para la legisladora, la participación de las y los migrantes no es un favor ni una concesión, sino el ejercicio pleno de un derecho que ya les pertenece.
Las organizaciones de mexicanos en el extranjero plantearon una demanda central: pasar de la representación simbólica a una representación real. Efraín Jiménez Muñoz, del Colectivo de Federaciones y Organizaciones Mexicanas Migrantes, explicó que más de 160 colectivos respaldan la creación de una circunscripción especial que garantice al menos 15 diputaciones federales y tres senadurías para esta comunidad. La idea es sencilla: si los migrantes aportan a la economía y mantienen vínculos constantes con México, también deben tener voz directa en las decisiones políticas.
Otro de los puntos clave es que esas candidaturas sean votadas directamente por los mexicanos en el extranjero, con reglas claras y rendición de cuentas. Hoy, aunque se emiten millones de credenciales del INE para migrantes, solo una pequeña parte logra votar. Por eso, se propone un registro electoral permanente y menos trámites que faciliten el ejercicio del voto desde fuera del país.
También se puso sobre la mesa la necesidad de que los partidos políticos informen mejor en el exterior. Muchos connacionales no votan porque simplemente no conocen a las y los candidatos ni sus propuestas. Sin información clara, el derecho al voto se vuelve letra muerta. Las propuestas presentadas, explicaron, son el resultado de audiencias realizadas en varias ciudades de Estados Unidos, donde la diáspora mexicana expresó cómo quiere participar en la vida política nacional.
Karina Ruiz Ruiz fue contundente al señalar que los migrantes no deben dar pasos atrás en la defensa de sus derechos. Recordó que mientras cada estado tiene tres senadores, los cerca de 40 millones de mexicanos que viven en el extranjero cuentan prácticamente con una sola voz en el Senado. Esa desproporción, dijo, no es justa ni representativa, y por eso se requieren espacios garantizados que no dependan únicamente de la voluntad de los partidos.
El mensaje que dejó Laura Itzel Castillo es que la reforma electoral no puede construirse sin tomar en cuenta a quienes, aunque viven fuera, siguen siendo parte del país. Escuchar a las comunidades migrantes, afirmó, será parte del debate nacional para definir cómo se eligen los representantes y cómo se organiza el poder público. En pocas palabras, la democracia mexicana no termina en la frontera.

