Vaya sacudida le dio la cuesta de febrero a los bolsillos de los mexicanos. Resulta que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) no se quedó de brazos cruzados y registró un incremento mensual del 0.28%, lo que puso la inflación general anual en un 3.77%. La noticia, soltada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), deja claro que el mandado salió más caro de lo que muchos esperaban para este segundo mes del 2025.
El asunto no es menor, pues aunque la cifra se mantiene dentro de ciertos márgenes, el repunte se sintió con fuerza en el mercado y la tiendita de la esquina. Los responsables de que la cartera ande «flaca» fueron principalmente los productos agropecuarios. Verduras y frutas se pusieron por las nubes, obligando a las familias capitalinas y de todo el país a hacer malabares con el presupuesto para que la sopa y el guisado no se quedaran cortos.
Para los que gustan de echarse un «humito», la situación también se puso color de hormiga. El tabaco fue uno de los productos que más empujó el indicador hacia arriba, sumándose a la lista de servicios y bienes que no dieron tregua. Este comportamiento del componente no subyacente, que es donde se agrupan los precios más volátiles como los alimentos frescos y energéticos, fue el que terminó por meterle presión al dato final de la quincena y el mes.
Lo que llama la atención de los analistas es que este incremento del 3.77% anual todavía no carga con el peso de los recientes conflictos bélicos internacionales. Es decir, el golpe que se dio en febrero fue puramente por cuestiones internas de oferta y demanda, sin que los tambores de guerra en otras latitudes hayan terminado de pasar la factura a los precios de los combustibles o las materias primas importadas en territorio nacional.
Si desmenuzamos la información del INEGI, el índice de precios subyacente, que es el que marca la tendencia a mediano plazo porque elimina lo más «respingón» de los precios, tuvo un aumento del 0.26% mensual. Esto nos dice que, más allá del jitomate o la cebolla, el costo de la vida en general sigue una ruta ascendente que pone a los consumidores a pensar dos veces antes de dar el «tarjetazo» o gastar en lo que no es estrictamente necesario.
Por otro lado, el índice de precios no subyacente, ese que siempre da de qué hablar por sus brincos inesperados, presentó una variación del 0.34% mensual. Aquí es donde se refleja que la logística para traer los productos del campo a la mesa sigue teniendo sus complicaciones, ya sea por el clima o por los costos de transporte que, aunque estables, no bajan de precio ni por error, manteniendo el ritmo de la carestía.
En las mesas de análisis ya se comenta que el Banco de México estará observando estos números con lupa. La meta de inflación siempre es el norte que guía las decisiones sobre las tasas de interés, y con este cierre de febrero, el panorama se vuelve un tanto borroso. El ciudadano de a pie, mientras tanto, tiene que seguir sorteando los pasillos del súper buscando las ofertas para que el salario no se le deshaga entre las manos antes de la siguiente quincena.
Es importante señalar que, comparado con el mismo periodo del año anterior, el ajuste muestra que la economía mexicana sigue navegando en aguas movidas. Aunque no estamos en una situación de descontrol, el hecho de que la inflación rebase la barrera del 4% en ciertos rubros específicos de consumo básico es una señal de alerta para el consumo interno, que es el motor que mueve a la Ciudad de México y sus alrededores.
Finalmente, las autoridades del INEGI recordaron que el seguimiento de estos precios se hace en más de 55 ciudades del país, cubriendo una canasta de bienes y servicios que refleja el consumo real del mexicano. Por ahora, el consejo en la calle es el de siempre: buscar precio, comparar calidad y no dejarse llevar por el primer número que veamos en el anaquel, porque este febrero, la moneda simplemente no rindió igual.

