Por Juan Pablo Ojeda
España amaneció este lunes conmocionada por uno de los accidentes ferroviarios más graves de los últimos años. Un choque entre dos trenes ocurrido la tarde del domingo en la localidad de Ademuz, en la provincia de Córdoba, dejó un saldo de 39 personas fallecidas y al menos 73 hospitalizadas, 24 de ellas en estado grave, entre quienes se encuentran cuatro menores de edad.
El accidente ocurrió poco antes de las ocho de la noche, cuando un tren de la compañía Iryo, que había salido de Málaga a las 6:40 de la tarde con destino a Madrid y transportaba a 317 personas, descarriló en sus últimos tres vagones. Al salirse de la vía, el convoy invadió el carril contiguo justo en el momento en que circulaba un tren Alvia de Renfe con destino a Huelva.
El impacto fue devastador. Los vagones del tren de Iryo chocaron de frente contra los dos primeros vagones del Alvia, que salieron despedidos y cayeron por un terraplén de aproximadamente cuatro metros. Equipos de emergencia trabajaron durante horas en el rescate de pasajeros atrapados entre los restos de los trenes, en una escena descrita por testigos como caótica y dolorosa.
Desde Madrid, el ministro de Transportes, Óscar Puente, calificó el siniestro como “raro y difícil de explicar”, al señalar que el tren involucrado es relativamente nuevo y que la infraestructura ferroviaria había sido renovada recientemente. Las autoridades ya iniciaron las investigaciones para determinar qué falló en un sistema que, en teoría, contaba con altos estándares de seguridad.
Mientras tanto, se activaron protocolos de atención a víctimas y familiares. En la estación de Atocha, en Madrid, se habilitó un punto de atención psicológica para los pasajeros afectados y sus allegados. Autoridades locales, como la alcaldesa de Huelva, Pilar Miranda, y la subdelegada del Gobierno, María José Rico, se trasladaron a la zona del accidente para brindar apoyo directo.
Ante la magnitud del suceso y la cancelación de múltiples servicios, las estaciones de tren de Atocha, Madrid, Córdoba, Sevilla y Málaga permanecieron abiertas durante la noche para dar refugio a cientos de pasajeros que no pudieron continuar su viaje. La tragedia ha reabierto el debate sobre la seguridad ferroviaria y la necesidad de revisar a fondo los sistemas de control y prevención, incluso en infraestructuras consideradas modernas.

