Hipótesis apunta a Los Chapitos en caída de El Mencho

Por Juan Pablo Ojeda

 

La localización y muerte de Rubén Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, no solo marcó un golpe histórico contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino que abrió una nueva etapa de reacomodos, traiciones y alianzas dentro del crimen organizado en México.

Tras las detenciones de Ismael Zambada García y Joaquín Guzmán Loera en años previos, el golpe contra Oseguera Cervantes parecía el eslabón que faltaba en la reconfiguración del mapa criminal. Sin embargo, lo que hoy circula en círculos de análisis e inteligencia es una hipótesis delicada: que integrantes del grupo conocido como “Los Chapitos” habrían facilitado información clave para su ubicación como parte de negociaciones con autoridades de Estados Unidos.

El desenlace, ocurrido en Tapalpa, Jalisco, sería el resultado de una cadena de acuerdos estratégicos. De acuerdo con análisis citados por Ghaleb Krame y Tashiro Malekium en el documento “Decodificando la caída de El Mencho: anatomía de un golpe táctico”, la clave no habría sido solo la presión operativa, sino el acceso a información íntima y logística imposible de obtener por medios convencionales.

El antecedente inmediato está en la historia reciente de la familia Guzmán. En julio de 2024, Joaquín Guzmán López llevó a Zambada García a un vuelo privado rumbo a El Paso, Texas, donde ambos fueron detenidos por el Federal Bureau of Investigation. Posteriormente, Guzmán López se declaró culpable, mientras que otros miembros del círculo familiar obtuvieron beneficios judiciales o acuerdos de cooperación. Emma Coronel, esposa de “El Chapo”, consiguió una sentencia reducida y permanece en libertad supervisada. Ovidio Guzmán López, por su parte, negocia su estatus como testigo colaborador.

En ese contexto, la supuesta alianza táctica entre Los Chapitos y el CJNG habría funcionado como una moneda de cambio. A finales de 2024, Iván Archivaldo Guzmán habría sellado un pacto con el CJNG para resistir la presión interna del grupo de Zambada. El enlace fue Audias Flores Silva, alias “El Jardinero”, hombre de confianza del Mencho. Incluso se habla de traslados temporales y convivencia en propiedades bajo control del CJNG, lo que habría permitido obtener información directa sobre movimientos, redes familiares y rutinas del capo.

Uno de los factores decisivos habría sido el estado de salud de Oseguera Cervantes, quien padecía insuficiencia renal crónica. La logística médica clandestina necesaria para atenderlo —incluyendo medicamentos de distribución restringida— abrió posibles puntos de rastreo. Esa combinación de inteligencia humana y seguimiento logístico habría permitido identificar la llamada “ventana de Tapalpa”, el momento clave para ubicarlo.

Tras su muerte, el CJNG enfrenta un vacío de poder. Las miradas apuntan ahora a Juan Carlos Valencia González, alias “El 03”, y al propio “El Jardinero”, como figuras con capacidad de asumir el mando. Analistas prevén una posible división funcional: un liderazgo armado y territorial por un lado, y otro enfocado en la estructura financiera y logística.

Más allá de nombres y pactos, el caso revela un patrón que ya se había visto antes: integrantes de cárteles que negocian información a cambio de protección familiar y reducción de condenas en Estados Unidos. En este esquema, las alianzas no son permanentes, sino herramientas de supervivencia.

La caída de “El Mencho” no solo representa el fin de un liderazgo, sino el inicio de una nueva disputa interna. En el crimen organizado, el poder no se hereda por decreto; se consolida con control real sobre territorio, hombres y recursos. Y esa batalla apenas comienza.

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