Por Juan Pablo Ojeda
Este lunes, en la conferencia matutina encabezada por el gobierno federal, el secretario del Trabajo, Marath Bolaños, puso sobre la mesa uno de los cambios laborales más relevantes de los últimos años: la aprobación y próxima publicación de la reforma que reduce la semana laboral a 40 horas en México. El decreto será publicado este martes en el Diario Oficial de la Federación, lo que marcará el inicio formal de su aplicación.
La reforma eleva a rango constitucional la jornada máxima de 40 horas semanales, garantizando de manera explícita el derecho al descanso. En términos simples: si trabajas ocho horas al día, tendrás derecho a dos días de descanso por cada semana laborada bajo ese esquema. Además, el texto aprobado prohíbe cualquier reducción de sueldo, salario o prestaciones como consecuencia del ajuste de horas.
Uno de los puntos que más ha llamado la atención es que, por primera vez, se establece la prohibición de horas extra para menores de edad, alineando la legislación mexicana con compromisos internacionales previamente firmados por el país. El objetivo, según explicó el funcionario, es equilibrar productividad y bienestar, modernizando el marco laboral sin afectar los ingresos de los trabajadores.
El cambio no será inmediato. La reducción será gradual como parte de una política laboral de Estado. A partir de 2027 la jornada bajará a 46 horas; en 2028 será de 44; en 2029 se reducirá a 42, y finalmente en 2030 se alcanzarán las 40 horas semanales. La jornada diaria máxima seguirá siendo de ocho horas.
¿Qué no cambia? El pago de horas extra continúa vigente en los casos permitidos por la ley, así como la prima dominical y las prestaciones por laborar en días festivos. Tampoco habrá disminución salarial ni recorte de beneficios.
Para asegurar el cumplimiento, la Secretaría del Trabajo implementará un registro electrónico en los centros laborales. El proceso que dio forma a esta reforma incluyó más de 40 mesas de trabajo y la participación de alrededor de dos mil especialistas, junto con representantes empresariales, sindicales y trabajadores.
En el fondo, la apuesta del gobierno es clara: redistribuir el tiempo de trabajo sin afectar el ingreso, otorgar mayor descanso y, al mismo tiempo, mantener la competitividad. El verdadero reto ahora será su implementación progresiva y la capacidad de las empresas para adaptarse a un nuevo equilibrio entre trabajo y vida personal.

