Por Juan Pablo Ojeda
México enfrenta un repunte que ya no puede minimizarse. En su informe diario con corte al 13 de febrero, la Secretaría de Salud confirmó 9 mil 478 casos acumulados de sarampión, una cifra que refleja un crecimiento importante en distintas regiones del país y que mantiene transmisión activa en 335 municipios.
Para entender la dimensión del problema hay que mirar los datos con calma. El grupo más afectado es el de niñas y niños de 1 a 4 años, con mil 391 contagios. Le siguen los menores de 5 a 9 años con mil 158 casos y, de manera preocupante, adultos jóvenes de 25 a 29 años con mil 053 casos. La tasa más alta de incidencia se presenta en menores de un año, con 52.68 casos por cada 100 mil habitantes, lo que revela un riesgo serio para quienes aún no completan su esquema de vacunación.
El saldo más doloroso son las 29 defunciones registradas desde que comenzó el brote. Dos de ellas ocurrieron en las primeras semanas de 2026: un menor de edad y un adulto. El estado más golpeado es Chihuahua con 21 fallecimientos, seguido de Jalisco con dos. También se han reportado muertes en Sonora, Durango, Michoacán, Tlaxcala, Ciudad de México y Chiapas.
Desde el punto de vista de política pública, el tema va más allá del sector salud. Un brote de esta magnitud presiona hospitales, afecta presupuestos estatales, impacta la asistencia escolar y obliga a redirigir recursos para campañas emergentes. Cuando se disparan los contagios, el Estado tiene que reaccionar con más brigadas, más módulos y más personal.
La respuesta oficial ha sido reforzar las jornadas de vacunación, con especial énfasis en menores y en personas de entre 20 y 49 años que no tienen esquema completo. Se habilitaron módulos adicionales en centrales de autobuses, estaciones del Metro y otros puntos de alta concentración. Algunos gobiernos estatales también evalúan promover nuevamente el uso de cubrebocas en escuelas como medida preventiva.
El sarampión es altamente contagioso y sus primeros síntomas pueden aparecer entre 10 y 14 días después del contacto con el virus. La vacuna sigue siendo la herramienta más eficaz para cortar la cadena de transmisión. En términos simples: mientras más personas estén inmunizadas, menor será el espacio para que el virus circule.
El reto ahora es doble: contener el brote y recuperar la confianza en la vacunación. Porque más allá de cifras y reportes técnicos, lo que está en juego es la capacidad del sistema de salud para proteger a los sectores más vulnerables.

