Seguridad: entre el relato oficial de cómo murió «El Mencho»; pero ninguna prueba de ello

Por Carlos Lara Moreno

 

El gobierno presume la muerte del líder del CJNG y una caída histórica en homicidios, pero los datos y el contexto muestran contradicciones: operaciones militares que terminan en ejecuciones de facto, violencia que se reactiva tras la caída de capos y cifras oficiales que no reflejan completamente la crisis de seguridad.

El Operativo contra “El Mencho”: la versión oficial y sus inconsistencias

El Gobierno Federal sostiene que la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, ocurrió tras un enfrentamiento armado con el Ejército en Tapalpa, Jalisco. Según el secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, el capo abrió fuego al negarse a entregarse y los militares respondieron en legítima defensa.

Sin embargo, la narrativa oficial presenta inconsistencias relevantes.

Primero, el propio Ejército reconoce que el objetivo del operativo era capturarlo con vida, pero terminó muerto por las heridas mientras era trasladado en helicóptero, tras el enfrentamiento armado. 

Segundo, la explicación militar habla de un “grupo reducido de 14 soldados”, aunque otras versiones del mismo operativo describen un despliegue más amplio con apoyo aéreo y fuerzas especiales, lo que sugiere una operación de mayor escala que la presentada públicamente. 

Tercero, la versión oficial enfatiza la “legítima defensa”, pero al mismo tiempo reconoce que el capo ya estaba herido y bajo custodia cuando murió durante el traslado, lo que abre interrogantes sobre el control de la escena, la cadena de custodia y los protocolos médicos aplicados. 

Además, el operativo no terminó con la muerte del líder criminal: desencadenó bloqueos, ataques y violencia en varios estados, lo que evidencia que la caída del capo no desarticuló la estructura del cártel. 

Este patrón confirma una crítica recurrente de especialistas: la estrategia de “decapitar” a los cárteles elimina líderes, pero no desmonta las redes criminales, lo que suele generar reacomodos violentos o luchas internas. 

Cifras optimistas de homicidios: datos reales, interpretación política

En paralelo, el gobierno presume una reducción de 44% en homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y febrero de 2026, al pasar de 86.9 a 48.8 asesinatos diarios. 

Aunque la tendencia a la baja existe en los reportes oficiales, la lectura gubernamental también tiene matices problemáticos.

Primero, el indicador utiliza promedios diarios, una forma estadística que suaviza picos de violencia regional y oculta crisis locales.

Segundo, los propios informes reconocen que más de la mitad de los homicidios se concentran en apenas ocho estados, lo que muestra que la violencia no desaparece, sino que se focaliza territorialmente.

Tercero, la reducción estadística contrasta con eventos recientes de alto impacto, como los ataques posteriores a la muerte de “El Mencho”, que generaron una ola de violencia en Jalisco y otras entidades. 

En otras palabras, los datos muestran una tendencia nacional a la baja, pero no necesariamente una mejora estructural en la seguridad.

Detenciones y decomisos: volumen sin impacto estructural

El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, informó que en la actual administración se han detenido 46 mil 400 personas por delitos de alto impacto y decomisado 24 mil armas y 346 toneladas de droga.

El problema es que estas cifras, aunque voluminosas, no necesariamente reflejan debilitamiento del crimen organizado.

México ha tenido durante años decenas de miles de detenciones relacionadas con el narcotráfico, pero los cárteles mantienen capacidad militar, control territorial y economías criminales diversificadas, desde la extorsión hasta el control de cadenas productivas.

Incluso el propio informe gubernamental reconoce que la extorsión continúa como uno de los delitos persistentes, pese a operativos y detenciones.

Programas sociales y desarme: impacto limitado

La estrategia social presentada por la Secretaría de Gobernación presume el canje de 9 mil 201 armas de fuego en programas voluntarios.

Aunque el dato parece significativo, su impacto es marginal frente al flujo de armas ilegales que alimenta al crimen organizado. Investigaciones oficiales estiman que decenas de miles de armas entran cada año al país, muchas provenientes de Estados Unidos.

En ese contexto, el desarme ciudadano tiene más valor simbólico que estructural en la reducción de la violencia.

 

Política exterior: señales contradictorias

En el plano internacional, el gobierno presume la repatriación de más de mil mexicanos desde Medio Oriente y el fortalecimiento de relaciones económicas con Brasil.

Pero también aparecen contradicciones diplomáticas: la propia presidenta reconoce que evitó durante meses la visita a Brasil pese a las invitaciones insistentes del gobierno de ese país, lo que refleja una relación bilateral aún sin una agenda estratégica definida.

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