Por Juan Pablo Ojeda
La política internacional volvió a girar alrededor de la energía y la seguridad global. En una reunión celebrada en la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ofreció a ejecutivos de las principales empresas petroleras del mundo protección y seguridad gubernamental a largo plazo para quienes decidan invertir en Venezuela, un país que atraviesa una compleja transición política tras la captura de Nicolás Maduro.
Trump dejó claro que su apuesta es fuerte: busca que las petroleras estadounidenses inviertan al menos 100 mil millones de dólares de capital privado, sin usar recursos del gobierno, para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana y, con el tiempo, aumentar la producción de crudo. El mensaje fue directo: Washington quiere liderar el nuevo tablero energético en Venezuela y reducir los temores del sector ante la inestabilidad política.
No todas las empresas reaccionaron igual. ExxonMobil, a través de su CEO Darren Woods, advirtió que Venezuela sigue siendo poco atractiva para la inversión mientras no haya cambios profundos en sus marcos legales y comerciales. En contraste, Repsol mostró una postura más optimista. Su director ejecutivo, Josu Jon Imaz, aseguró que la petrolera española ya opera en el país, genera cerca de la mitad de su electricidad y está lista para triplicar su producción de crudo hasta unos 135 mil barriles diarios en los próximos tres años.
Trump también abrió la puerta a China y Rusia, invitándolos a comprar el petróleo venezolano que gestione Washington, bajo el argumento de que si Estados Unidos no toma control de esas ventas, Moscú y Pekín lo harían primero. Para la Casa Blanca, el control del petróleo venezolano es tanto un asunto económico como estratégico.
La reunión no se limitó al petróleo. La transición política en Venezuela ocupó un lugar central. Trump afirmó que la presidenta interina Delcy Rodríguez parece, por ahora, ser una aliada de Estados Unidos. En la misma línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, explicó que Washington ha definido tres fases para el proceso venezolano: estabilización, recuperación económica y normalización, con el objetivo de que los recursos del país beneficien a su población y no a actores adversarios.
Trump adelantó que se reunirá en los próximos días con María Corina Machado para hablar sobre su posible papel en el futuro político de Venezuela, en una señal de que Estados Unidos seguirá influyendo de manera directa en el rediseño del poder en el país sudamericano.
Fuera de América Latina, el presidente estadounidense también elevó el tono sobre Groenlandia, al asegurar que Estados Unidos no permitirá que Rusia o China ganen influencia en la isla. Argumentó que se trata de un tema de seguridad nacional y dejó abierta la posibilidad de actuar “por las buenas o por las malas”, reforzando un discurso que mezcla geopolítica, energía y poder militar.
En conjunto, el mensaje de Trump es claro: Estados Unidos busca reafirmar su liderazgo global usando el petróleo, la seguridad y la presión política como ejes centrales de su estrategia internacional.

