Dom. May 26th, 2024

En un ambiente político cada vez más polarizado y en el marco del Día Nacional del Maíz, Ana Lilia Rivera, presidenta de la Mesa Directiva en el Senado, ha tomado una postura firme: hacer valer el decreto del presidente López Obrador que busca detener la importación de maíz transgénico destinado al consumo humano. Rivera ha calificado este combate como “la lucha más digna de cualquier político”.

Este posicionamiento se manifestó de forma palpable durante la inauguración de una exposición fotográfica alusiva al maíz en las instalaciones del Senado. La serie, según Rivera, refleja el “corazón y sentimiento más profundo del México” que resiste a la colonización completa. Las imágenes, añadió, son un tributo a las comunidades y pueblos indígenas que han protegido la “semilla madre” durante más de una década.

Rivera, originaria de Tlaxcala, destacó el avance significativo que representa la Ley Federal de Fomento y Protección al Maíz Nativo, la cual reconoce al maíz como un derecho humano a la salud del pueblo mexicano y a su cultura. La consecuencia inmediata de esta ley es el cese de importación de maíz transgénico y la reducción gradual del uso del glifosato, un herbicida considerado perjudicial para la tierra, el agua y la vida.

A nivel internacional, la disputa por el control del maíz y su mercado es intensa. Rivera resaltó que esta defensa llevó a Tlaxcala a tener, en 2011, la primera ley en el mundo que considera al maíz como patrimonio alimentario y cultural de su gente.

La política no es ajena a las tensiones globales y las grandes corporaciones, y Rivera no dudó en denunciar lo que considera una traición a la patria: no defender al maíz y el decreto presidencial. Para ella, el maíz no es solo un alimento, sino una riqueza cultural que se encuentra amenazada por grandes intereses económicos. El avance del neoliberalismo ha impulsado a conglomerados económicos a controlar la semilla, no solo a través de la contaminación transgénica sino también mediante la manipulación genética del maíz.

El debate sobre el maíz en México va más allá de la política: es una cuestión de identidad, historia y resistencia. En este contexto, la postura de Rivera y el decreto presidencial se erigen como elementos clave en la defensa de uno de los pilares culturales y nutricionales del país.

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