Lun. May 27th, 2024

Acapulco, Gro. – En las orillas de Acapulco, donde la naturaleza suele mostrar su rostro más amable, Ángela Torres relata con lágrimas la destrucción que el huracán Otis trajo a su vida. Hoy, su lucha y la de muchos otros no es por reconstruir las paredes que les dieron refugio, sino por satisfacer una necesidad más inmediata y crítica: alimentar a sus seres queridos.

La tragedia dejó a la familia de Torres sin más que las reservas de comida que el meteoro no pudo arrastrar. Con el pasar de los días, esas reservas se agotaron, y la incertidumbre sobre la próxima comida comenzó a ser más aterradora que la misma tormenta.

El alivio llegó en forma de despensas, distribuidas por la Secretaría de Marina a las familias afectadas, como la de Felipe Morales, quien, además de perder el techo y muebles, enfrenta la ironía de una profesión que no encuentra espacio en el caos post-desastre. Electricista de oficio, se encuentra sin trabajo en una zona que clama a gritos por reparaciones.

A pesar de la gratitud por la ayuda recibida, hay una preocupación latente sobre qué sucederá cuando se terminen los suministros actuales. La mirada de Felipe se endurece al considerar el futuro inmediato, marcado por la incertidumbre.

En un esfuerzo por mantener el orden y la equidad, ex marinos como Felipe Hernández han tomado roles de liderazgo, asegurando que la ayuda llegue a todos en la comunidad de San Isidro La Gallinera, y recalcan la importancia de la cooperación y la calma en estos tiempos difíciles.

La labor de la Secretaría de Marina es crucial, con el aeropuerto de Acapulco convertido en un centro neurálgico desde donde se distribuyen toneladas de víveres a las comunidades más afectadas. Cada día, un sobrevuelo determina las áreas de mayor necesidad, y se planifican las operaciones de distribución. La ayuda no es solo nacional; la solidaridad se extiende a las donaciones de civiles, marcadas para recordar la generosidad del pueblo.

Sin embargo, hay carencias que aún se dejan sentir. La falta de toallas sanitarias, artículos de higiene femenina y pañales pone de manifiesto que aún hay necesidades básicas insatisfechas. En un ambiente donde el agua escasea, soluciones temporales como el uso de prendas como pañales son insostenibles a largo plazo.

La solidaridad se muestra en todas sus formas, desde las camionetas cargadas de comida que llegan al puerto, hasta la meticulosa organización de la ayuda humanitaria. Acapulco, en su estado más vulnerable, revela una fortaleza comunitaria que sostiene la esperanza de reconstruir no solo las estructuras, sino la vida misma de sus habitantes.

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